CONCEPTOS MARXISTAS DE LA ECONOMIA

Examino el sistema de la economía burguesa en el orden siguiente: capital, propiedad agraria, trabajo asalariado, Estado, comercio exterior, mercado mundial. Bajo las tres primeras rúbricas estudio las condiciones económicas de vida de las tres grandes clases en que se divide la sociedad burguesa moderna; la interconexión de los tres restantes salta a la vista. 

La primera sección del libro primero, que trata del capital, se compone de los capítulos siguientes: 1) la mercancía; 2) el dinero o la circulación simple; 3) el capital en general. Los dos primeros capítulos forman el contenido del presente fascículo. Tengo ante mis ojos todos los materiales en forma de monografías escritas con largos intervalos para mi propio esclarecimiento y no para su publicación; la elaboración sistemática de las mismas conforme al plan indicado dependerá de circunstancias externas.

En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a las que corresponden determinadas formas de conciencia social.

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. 

En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. 

De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma más o menos rápidamente toda la superestructura inmensa. 

Cuando se examinan tales transformaciones, es preciso siempre distinguir entre la transformación material (que se puede hacer constar con la exactitud propia de las ciencias naturales) de las condiciones de producción económicas y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en breve, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. 

Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo por lo que piensa de sí mismo, tampoco se puede juzgar a semejante época de transformación por su conciencia; es preciso, al contrario, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. 

Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su existencia. 

Por eso la humanidad se plantea siempre únicamente los problemas que puede resolver, pues un examen más detenido muestra siempre que el propio problema no surge sino cuando las condiciones materiales para resolverlo ya existen o, por lo menos, están en vías de formación. 

A grandes rasgos, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el burgués moderno pueden designarse como épocas de progreso en la formación social económica. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso social de producción, antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que emana de las condiciones sociales de vida de los individuos. 

Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver dicho antagonismo. Con esta formación social se cierra, pues, la prehistoria de la sociedad humana.

Este bosquejo sobre el curso de mis estudios en el terreno de la Economía política sólo tiende a mostrar que mis puntos de vista, júzguese de ellos como se juzgue y por poco que sean conformes a los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el fruto de largos años y de concienzuda investigación. Y en el umbral de la ciencia, como en la entrada del infierno, debiera exponerse esta consigna:

"Qui si convien lasciare ogni sospetto;

Ogni viltá convien che qui sia morta"∗.

Carlos Marx

Londres, enero de 1859

LA MERCANCÍA

A primera vista, la riqueza burguesa aparece como una inmensa acumulación de mercancías, y la mercancía tomada aisladamente, como el modo de ser elemental de dicha riqueza. Pero cada mercancía se presenta en el doble aspecto de valor de uso y de valor de cambio.

La mercancía es, ante todo, como dicen los economistas ingleses, "una cosa cualquiera, necesaria, útil o agradable en la vida", objeto de necesidades humanas, un medio de subsistencia en el sentido más lato (extendido) del término. 

Este modo de existencia de la mercancía en tanto que valor de uso coincide con su modo de existencia físico tangible. El trigo, por ejemplo, es un valor de uso particular, que se distingue de los valores de uso que son el algodón, el vidrio, el papel, etc. 

Un valor de uso sólo tiene valor para el uso y sólo se realiza en el proceso de consumo. Uno y el mismo valor de uso puede utilizarse de maneras diferentes. Pero la extensión de sus posibles aplicaciones útiles está limitada por ser un objeto con propiedades determinadas. Además, el valor de uso no está determinado únicamente en el aspecto cualitativo, sino también en el plano cuantitativo. De conformidad con sus particularidades naturales, los diferentes valores de uso tienen medidas diferentes: por ejemplo, un celemín de trigo, una mano de papel, una vara de lienzo, etc.

Sea cual fuere la forma social de la riqueza, los valores de uso constituyen siempre su contenido el cual es al principio indiferente a dicha forma. Por el gusto del trigo no se puede decir quién lo ha producido: un siervo ruso, un campesino pequeño francés o un capitalista inglés. 

El valor de uso, bien que es objeto de necesidades sociales y, por tanto, está ligado al conjunto social, no expresa ninguna relación social de producción. Tomemos, por ejemplo, un diamante, como mercancía en tanto que valor de uso. Al ver el diamante no podemos decir que es una mercancía. Utilizado como valor de uso, con fines estéticos o técnicos, en el cuello de una cortesana o en la mano de un vidriero, es diamante y no mercancía. 

Parece que, para la mercancía, ser valor de uso es una condición necesaria, pero al valor de uso le es lo mismo ser o no ser mercancía. El valor de uso indiferente a toda determinación económica formal, o sea, tomado como valor de uso, está fuera de la esfera de investigación de la Economía política. Pertenece a esta esfera únicamente cuando constituye él mismo una determinación formal. El valor de uso es la base material sobre la cual se expresa de manera inmediata una relación económica determinada, el valor de cambio.

El valor de cambio aparece ante todo como una relación cuantitativa, la proporción en que cambian unos por otros los valores de uso. Ellos representan en esta relación magnitudes cambiables iguales. Así, un volumen de Propercio y ocho onzas de polvo de rapé pueden tener el mismo valor de cambio, pese al carácter desigual de los valores de uso del rapé y la elegía. 

En su calidad de valor de cambio, un valor de uso cuesta exactamente tanto como un otro, a condición de que sea adecuada la proporción. El valor de un palacio puede expresarse en una cantidad determinada de botes de betún para el calzado. Y viceversa, los fabricantes de betún londinenses han expresado en palacios el valor de cambio de sus múltiples botes. 

Totalmente indiferentes, pues, a su modo de existencia natural y sin consideración de la naturaleza específica de las necesidades que ellas satisfacen en tanto que valores de uso, las mercancías, tomadas en cantidades determinadas, se equilibran, se sustituyen unas a otras en el cambio, son calificadas de equivalentes y, de este modo, pese al carácter abigarrado de sus apariencias, tienen un denominador común.

Los valores de uso son directamente medios de subsistencia. Mas, por otra parte, esos medios de subsistencia son ellos mismos productos de la vida social, el resultado de la fuerza vital humana gastada, trabajo materializado. En tanto que materialización del trabajo social, todas las mercancías son una cristalización de la misma unidad. El carácter determinado de esta unidad, o sea, del trabajo, que se manifiesta en el valor de cambio, es lo que deberemos examinar ahora.

Para comprender cómo el valor de cambio está determinado por el tiempo de trabajo, es necesario atenerse a las siguientes ideas básicas: reducción del trabajo al trabajo simple, por decir así, desprovisto de calidad; el modo específico de conversión del trabajo creador del valor de cambio y, por tanto, productor de mercancías, en trabajo social; y, por último, la distinción entre el trabajo cuyo resultado lo representan valores de uso y el que tiene por resultado valores de cambio. 

Para medir los valores de cambio de las mercancías por el tiempo de trabajo que ellas contienen es preciso reducir los diferentes tipos de trabajo a un trabajo no diferenciado, homogéneo, simple; en breve, a un trabajo cualitativamente uniforme, cuya única diferencia sea por tanto la cantidad.

Esta reducción parece ser una abstracción, pero ella tiene lugar todos los días en el proceso de producción social. La conversión de todas las mercancías en tiempo de trabajo no es una abstracción mayor ni al mismo tiempo menos real que la resolución en aire de todos los cuerpos orgánicos. 

En realidad, el trabajo que se mide así por el tiempo no se presenta como trabajo de individuos diferentes, sino que los diferentes individuos trabajadores parecen ser más bien meros órganos de dicho trabajo. En otras palabras, el trabajo encarnado en los valores de cambio podría calificarse de trabajo humano general. 

Esta abstracción del trabajo humano general existe en el trabajo medio que puede realizar todo individuo medio de una sociedad dada, es un gasto productivo determinado de músculos, nervios, cerebro, etc., humanos. Es el trabajo simple1, para el cual puede ser adiestrado todo individuo medio y que éste debe cumplir en una u otra forma. 

El carácter de ese trabajo medio difiere según los países y las épocas de la civilización, pero en toda sociedad existente aparece como algo dado. El trabajo simple forma la mayor parte de todo el trabajo en la sociedad burguesa, de lo que es posible convencerse consultando una estadística cualquiera. 

Que A trabaje seis horas produciendo hierro y seis horas produciendo lienzo, y que B trabaje igualmente seis horas produciendo hierro y seis horas produciendo lienzo, o bien A produzca hierro durante doce horas y B produzca lienzo, durante doce horas también, esto sólo representa desde todo punto de vista una aplicación diferente del mismo tiempo de trabajo. 

Pero ¿qué tal con el trabajo complejo, que se eleva por encima del nivel medio siendo un trabajo de intensidad mayor, de peso específico superior? Este tipo de trabajo se reduce a una suma de trabajo simple, a un trabajo simple elevado a una potencia superior de modo que, por ejemplo, un día de trabajo complejo equivale a tres días de trabajo simple. 

No ha llegado todavía el momento apropiado para estudiar las leyes que rigen esta reducción del trabajo complejo al trabajo simple. Pero ella tiene lugar evidentemente, porque, en tanto que valor de cambio, el producto del trabajo más complejo es equivalente, en proporciones determinadas, al producto del trabajo medio simple y se equipara, pues, a una cantidad determinada de ese trabajo simple.

Hemos visto que el valor de cambio de una mercancía se manifiesta como valor de cambio en un grado tanto más alto cuanto más larga sea la serie de sus equivalentes, o bien mayor la esfera de intercambio para esa mercancía. 

La extensión gradual del trueque, el aumento del número de transacciones de cambio y la variedad creciente de mercancías trocadas desarrollan, por consiguiente, la mercancía como valor de cambio, estimulan la formación del dinero y ejercen así una influencia desintegradora sobre el trueque directo. 

Los economistas suelen hacer derivar el dinero de las dificultades exteriores con que choca el trueque extendido, pero olvidan que dichas dificultades tienen su origen en el desarrollo del valor de cambio y, por tanto, del trabajo social como trabajo universal. 

Por ejemplo, las mercancías como valores de uso no son divisibles a voluntad, pero deben poseer esta propiedad como valores de cambio. O bien, la mercancía de A puede ser valor de uso para B, mientras que la mercancía de B no es valor de uso para A. O bien, asimismo, los poseedores de mercancías pueden necesitar en proporciones de valor desiguales las mercancías destinadas para el intercambio y no divisibles. 

En otros términos, con el pretexto de investigar el trueque simple los economistas se representan ciertos aspectos de la contradicción encerrada en el modo de existencia de la mercancía como unidad inmediata del valor de uso y del valor de cambio. 

Por otra parte, ellos consideran persistentemente después que el trueque es la forma adecuada del proceso de cambio de las mercancías, la cual sólo presenta algunos inconvenientes técnicos, y el dinero es un invento astuto destinado a superarlos. Partiendo de este punto de vista completamente superficial, un economista inglés ingenioso sustentó con razón que el dinero es tan sólo un instrumento material, como un buque o una máquina de vapor, que no representa relación de producción social alguna y, por tanto, no es una categoría económica. Así pues, según él, se trata del estudio abusivo del dinero en Economía política, la cual no tiene efectivamente nada de común con la tecnología.

El mundo de las mercancías presupone una división desarrollada del trabajo, la cual se manifiesta más bien de modo inmediato en la diversidad de los valores de uso que se enfrentan como mercancías particulares y encierran la misma diversidad de tipos de trabajo. La división del trabajo en tanto que conjunto de todos los tipos particulares de actividad productiva constituye la totalidad de los aspectos materiales del trabajo social considerado como trabajo creador de los valores de uso. Pero ella existe como tal (por lo que respecta a las mercancías y al proceso de cambio) sólo en su resultado, en el carácter particular de las propias mercancías.

El cambio de mercancías es el proceso en que el metabolismo social, o sea, el cambio de productos particulares de individuos privados, es al mismo tiempo la creación de determinadas relaciones de producción sociales en las que entran los individuos en el curso de ese metabolismo. Las relaciones mutuas de las mercancías, a medida que se desarrollan, cristalizan como determinaciones distintas propias del equivalente universal, y de este modo el proceso de cambio es al mismo tiempo el proceso de formación del dinero. Este proceso en su conjunto, manifestado como desenvolvimiento de procesos diferentes, es la circulación.

En esta cápsula veremos qué es el Trabajo Enajenado y cómo se relaciona con la visión humanista de Carlos Marx conocida como "El Ser Genérico". Todo esto lo plasmó en la última parte del segundo manuscritos de los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 

En los "Manuscritos del 44" Marx realiza una crítica a la Economía Política Burguesa, en particular a lo propuesto por Adam Smith y David Ricardo. En ésta cápsula veremos el primer manuscrito donde trata el nivel del salario, la competencia entre capitales, la renta de la tierra y la lucha de clases entre trabajadores, capitalistas y terratenientes. 

En la tercera parte de los Manuscritos Económico Filosóficos de 1844 Marx critica a la Dialéctica Hegeliana y a la Filosofía de Hegel en General. Aquí podemos ver qué elementos de la filosofía de Hegel rescata Marx y qué elementos desecha. 

Indice Nota sobre los Manuscritos Primer Manuscrito • Salario • Beneficio del capital • Renta de la tierra • [El trabajo enajenado] Segundo Manuscrito • [Antitesis del capital y el trabajo. Propiedad privada y capital.] Tercer Manuscrito • [Propiedad privada y trabajo. Economía política como producto del movimiento de la propiedad privada.] • [Propiedad privada y comunismo] • [Requisitos humanos y división del trabajo bajo el dominio de la propiedad privada] • [El poder del dinero] • [Crítica de la dialéctica hegeliana y de la filosofía de Hegel en general]

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