
EL DINERO
Considerado como distinto al numerario, el dinero, resultado del proceso de circulación bajo la forma M-D-M, constituye el punto de partida del proceso de circulación bajo la forma D-M-D, o sea, cambio de dinero por la mercancía para cambiar la mercancía por dinero. En la forma M-D-M, el punto de partida y el punto final del movimiento los constituye la mercancía, y en la forma D-M-D, el dinero. En la primera forma, el dinero mediatiza el intercambio de mercancías; en la segunda, la mercancía mediatiza la conversión del dinero en dinero.
El dinero que en la primera forma aparece como simple medio, se presenta en la segunda como meta final de la circulación, mientras que la mercancía, que aparece como meta final en la primera forma, se presenta como simple medio en la segunda. Puesto que el dinero mismo ya es el resultado de la circulación M-D-M, el resultado de la circulación en la forma D-M-D aparece simultáneamente como su punto de partida. En M-D-M, el contenido real del proceso es el intercambio de sustancia, mientras que, en el segundo proceso, D-M-D, lo constituye la existencia formal de la mercancía originada por el primer proceso.
En la forma M-D-M, los dos extremos son mercancías de la misma magnitud de valor y, a la vez, valores de uso cualitativamente diferentes. Su intercambio M-M es un intercambio real de sustancia. En la forma D-M-D, por el contrario, los dos extremos son oro y, además, oro de la misma magnitud de valor. Cambiar oro por mercancía para cambiar mercancía por oro, o bien, si consideramos el resultado D-D, cambiar oro por oro, parece absurdo. Pero si traducimos D-M-D por la fórmula comprar para vender (lo que significa simplemente el cambio de oro por oro con la ayuda de un movimiento mediador) reconoceremos de inmediato en la misma la forma predominante de la producción burguesa.
En la práctica, sin embargo, no se compra para vender, sino se compra barato para vender más caro. El dinero se cambia por la mercancía para cambiarla, a su vez, por una cantidad de dinero mayor, de suerte que los extremos D, D difieren, si no cualitativamente, por lo menos cuantitativamente. Esta diferencia cuantitativa presupone el intercambio de cosas no equivalentes, mientras que mercancía y dinero como tales no son sino las formas opuestas de la mercancía misma y, por tanto, modos de existencia diferentes de una misma magnitud de valor. Por consiguiente, el ciclo D-M-D oculta bajo las formas dinero y mercancía relaciones de producción más desarrolladas y es tan sólo, en el marco de la circulación simple, el reflejo de un movimiento más complejo.
Así pues, el dinero, siendo distinto de los medios de circulación, debe derivarse de M-D-M, la forma inmediata de circulación de las mercancías.
El oro (es decir, la mercancía específica que sirve de medida de los valores y de medio de circulación) llega a ser dinero sin otra intervención de la sociedad. En Inglaterra, donde la plata no es medida de los valores ni medio de circulación dominante, este metal no llega a ser dinero, del mismo modo que en Holanda, el oro dejó de ser dinero desde que fuera destronado en cuanto medida de valor. Por lo tanto, una mercancía pasa a ser el dinero ante todo como unidad de medida de los valores y de medio de circulación, o bien, la unidad de medida de los valores y de medio de circulación constituye el dinero.
Pero el oro posee también, en tanto que dicha unidad, una existencia autónoma, distinta al modo de existencia que tiene en ambas funciones indicadas. Como medida de los valores, el oro no es sino dinero ideal y oro ideal; como simple medio de circulación es dinero simbólico y oro simbólico; pero bajo su simple forma de cuerpo metálico, el oro es dinero, o bien, el dinero es oro real.
Ahora examinemos momentáneamente la mercancía oro en reposo, que es el dinero, en su relación con las demás mercancías. Todas las mercancías representan en su precio una suma de oro determinada y son por tanto sólo el oro figurado o el dinero figurado, son representantes del oro, mientras que, a la inversa, el dinero en cuanto signo de valor aparecía como mero representante de los precios de las mercancías.
De este modo, siendo todas las mercancías únicamente el dinero figurado, el dinero es la sola mercancía real. Contrariamente a las mercancías, que se limitan a representar el modo de existencia autónomo del valor de cambio, del trabajo social universal, de la riqueza abstracta, el oro es la existencia material de la riqueza abstracta. Por lo que respecta al valor de uso, cada mercancía expresa en su relación con una necesidad particular un solo elemento de la riqueza material, una sola faceta aislada de la riqueza. El dinero, en cambio, satisface todas las necesidades por ser convertible inmediatamente en objeto de cualquier necesidad. Su propio valor de uso se realiza en la serie infinita de valores de uso que constituyen su equivalente.
El dinero contiene en estado latente, en su sustancia metálica masiva, toda la riqueza material desplegada en el mundo de las mercancías. De modo que si las mercancías representan en sus precios el equivalente universal o la riqueza abstracta, el oro, este último representa en su valor de uso los de todas las mercancías.
Por consiguiente, el oro es el representante material de la riqueza material. Es el "précis de toutes les choses" (Boisguillebert), el compendio de la riqueza social. Es a la vez, por la forma, la encarnación inmediata del trabajo universal y, por el contenido, la suma de todos los trabajos concretos. Es la riqueza universal en una forma individual. Funcionando como mediador de la circulación, el oro ha sufrido toda clase de agravios: fue recortado e incluso aplastado hasta convertirse en mero pedazo de papel simbólico. Pero en calidad de dinero recobre su esplendor de oro. De lacayo, se convierte en dueño. El mero peón deviene el dios de las mercancías.
a) Atesoramiento
El oro en cuanto dinero se separó inicialmente del medio de circulación porque la mercancía interrumpió el proceso de su propia metamorfosis y permaneció en el estado de crisálida de oro. Esto es lo que ocurre cada vez que la venta no se transforma en compra. Así pues, el paso del oro en cuanto dinero a una existencia autónoma es ante todo la expresión palmaria del desdoblamiento del proceso de circulación, o de la metamorfosis de la mercancía, en dos actos separados que existen independientemente uno al lado del otro. La moneda misma se convierte en dinero tan pronto como se interrumpe su movimiento.
En manos del vendedor que la recibe en pago de su mercancía es dinero y no moneda, pero, tan pronto como sale de sus manos, pasa a ser de nuevo moneda. Cada uno es vendedor de la mercancía particular por él producida, pero compra todas las demás mercancías que necesita para su existencia social. En calidad de vendedor aparece en dependencia del tiempo de trabajo requerido para la producción de su mercancía, mientras que su aparición en tanto que comprador está condicionada por la renovación constante de las necesidades de vida.
Para poder comprar sin vender es necesario que haya vendido algo sin compra. En realidad, la circulación M-D-M es la unidad dinámica de la venta y la compra sólo en tanto que ella es al propio tiempo el proceso perpetuo de la separación de las mismas. Para que el dinero fluya constantemente como moneda, ésta debe estancarse constantemente bajo la forma de dinero.
La circulación constante de la moneda está determinada por su estancamiento constante en cantidades mayores o menores en los fondos monetarios de reserva que surgen en todas partes dentro de la circulación y la condicionan a la vez, fondos cuyas constitución, repartición, liquidación y reconstitución varían sin cesar y cuya existencia es desaparición constante, y la desaparición, existencia constante.
Adam Smith mostró esta transformación incesante de la moneda en dinero y del dinero en moneda diciendo que cada poseedor de mercancías, además de la mercancía particular que vende, debe siempre tener en reserva cierta cantidad de mercancía universal con la que compra. Hemos visto que en la circulación M-D-M, el segundo miembro D-M se disgrega en una serie de compras que no se efectúan de golpe, sino que se suceden en el tiempo, de suerte que una parte de D circula como moneda X, la otra está en reposo bajo la forma de dinero. En sustancia, el dinero no es aquí más que el numerario latente, y las diferentes partes integrantes de la masa monetaria en circulación no dejan de aparecer alternativamente, ora bajo una forma ora bajo la otra. Así pues, esta primera transformación del medio de circulación en dinero representa sólo un aspecto técnico de la circulación monetaria misma.
Hemos visto que la circulación monetaria es tan sólo una manifestación de la metamorfosis de las mercancías, o del cambio de formas propio del metabolismo social. Por consiguiente, la totalidad del oro en circulación debe aumentar o disminuir continuamente con arreglo a las fluctuaciones del precio total de las mercancías circulantes o al volumen de sus metamorfosis simultáneas, por una parte, y a la rapidez de su transformación en cada caso, por otra; esto es posible sólo a condición de que varíe de continuo la relación entre la totalidad del dinero existente en un país y la cantidad de dinero en circulación.
Dicha condición se realiza por el atesoramiento. Si los precios bajan o la velocidad de circulación aumenta, los depósitos de tesoros absorben el dinero echado dela circulación; si los precios suben o la velocidad de circulación disminuye, los tesoros se abren y refluyen en parte a la circulación. El dinero circulante se fija bajo la forma de tesoro y los tesoros refluyen a la circulación siguiendo un movimiento oscilatorio siempre cambiante, donde la predominación de una o la otra tendencia está determinada exclusivamente por las fluctuaciones de la circulación de las mercancías.
Los tesoros aparecen, así como canales de acceso y de evacuación del dinero circulante, de suerte que en forma de numerario sólo circula siempre la cantidad de dinero determinada por las necesidades directas de la circulación misma. Si el volumen de la circulación en su con-junto viene a acrecentarse bruscamente y predomina la unidad fluida de la venta y la compra, pero de manera que la totalidad de los precios a realizar crezca más rápidamente aún que la velocidad de circulación monetaria, los depósitos de tesoros se vacían a ojos vistas; tan pronto como en el movimiento general se produce una pausa insólita, o se consolida la separación entre la venta y la compra, el medio de circulación se solidifica bajo la forma de dinero en proporciones considerables y los depósitos de tesoros se llenan muy por encima de su nivel medio.
En los países donde la circulación es puramente metálica, o bien donde la producción se encuentra en una fase poco desarrollada, los tesoros están fragmentados infinitamente y diseminados por todo el país, mientras que en los países burgueses adelantados ellos se concentran en los depósitos de los bancos. Que el tesoro no sea confundido con la reserva monetaria, la cual constituye una parte integrante de la totalidad del dinero constantemente en circulación, mientras que la correlación activa entre el tesoro y el medio de circulación supone la disminución o el aumento de dicha totalidad. Como hemos visto, las mercancías de oro y de plata forman a la vez un canal de evacuación y una fuente latente de acceso para los metales preciosos. Pero en los períodos normales, sólo la primera de estas funciones tiene importancia para la economía de la circulación metálica.
Medio de pago
Las dos formas en que el dinero se distinguía hasta ahora del medio de circulación eran la moneda suspendida y el tesoro. La primera forma reflejaba, en la transformación pasajera de la moneda en dinero, el hecho de que el segundo miembro de M-D-M, la compra D-M, se divide necesariamente dentro de una esfera determinada de la circulación en varias compras sucesivas.
El atesoramiento, en cambio, descansaba simplemente sobre el aislamiento del acto M-D, que no llegaba hasta D-M, o bien no era más que el movimiento autónomo de la primera metamorfosis de la mercancía, o sea, el dinero, que figura en este caso como medio de existencia enajenado de todas las mercancías, por oposición al medio de circulación como modo de existencia de la mercancía bajo la forma en que ella se enajena constantemente.
La moneda reservada y el tesoro fueron dinero sólo sin ser medios de circulación, y no fueron medios de circulación sólo porque no circulaban. En la determinación en que examinamos ahora el dinero, éste circula o entra en la circulación, pero no funciona como medio de circulación. El dinero en cuanto medio de circulación ha sido siempre medio de compra, pero ahora no actúa en calidad de este último.
El dinero, tan pronto como, por efecto del atesoramiento, deviene el modo de existencia de la riqueza social abstracta y el representante tangible de la riqueza material, adquiere, bajo esta forma determinada suya, funciones específicas dentro del proceso de circulación.
Si el dinero circula como simple medio de circulación y, por tanto, como medio de compra, esto presupone que la mercancía y el dinero se enfrentan simultáneamente; dicho de otro modo, la misma magnitud de valor es disponible dos veces: como mercancía en manos del vendedor, en uno de los polos, y como dinero en manos del comprador, en el otro polo.
La existencia simultánea de ambos equivalentes en los polos opuestos y su permutación simultánea, o su alienación recíproca, presuponen a su vez que el vendedor y el comprador se relacionan entre sí sólo como poseedores de equivalentes existentes. Pero el proceso de metamorfosis de las mercancías, que engendra las diferentes determinaciones formales del dinero, transforma también a los poseedores de mercancías, o bien modifica el papel social desempeñado por ellos unos con respecto a otros.
En el proceso de metamorfosis de la mercancía, el tenedor de mercancías cambia de piel tan a menudo como se desplaza la mercancía o como el dinero asume formas nuevas. Así, los poseedores de mercancías se enfrentaban originalmente sólo en calidad de poseedores de mercancías; después, uno de ellos pasó a ser vendedor, y el otro, comprador; más tarde, cada uno de ellos fueron alternativamente comprador y vendedor, luego atesorador y, finalmente, se hicieron hombres ricos.
Así pues, los poseedores de mercancías no emergen del proceso de circulación tales como fueron al entrar en el mismo. De hecho, las diferentes determinaciones formales que reviste el dinero en el proceso de la circulación no son sino la cristalización del cambio de forma de las propias mercancías, el cual, a su vez, sólo expresa materialmente las relaciones sociales cambiantes en que los poseedores de mercancías efectúan su intercambio de sustancia.
En el proceso de circulación surgen nuevas relaciones de contactos, y los poseedores de mercancías, por ser portadores de esas relaciones así transformadas, adquieren nuevos caracteres económicos. De análogo modo a como, en la circulación interior, el dinero se idealiza y el simple papel en cuanto representante del oro cumple la función del dinero, por el mismo proceso el comprador o el vendedor, que entra en él como simple representante del dinero o de la mercancía (es decir, representa el futuro dinero o la futura mercancía), adquiere la eficacia de vendedor o de comprador reales.
Dinero mundial
El oro deviene dinero, a diferencia de la moneda, retirándose al principio de la circulación bajo la forma de tesoro, entrando en ella después sin ser el medio de circulación y, por último, franqueando las barreras de la circulación interior para funcionar como equivalente universal en el mundo de las mercancías. Así es como pasa a ser el dinero mundial.
En la circulación internacional de las mercancías, el oro y la plata no aparecen como medio de circulación, sino como medio de intercambio universal. Pero el medio de intercambio universal sólo funciona en ambas formas desarrolladas del medio de compra y del medio de pago, cuya correlación se invierte, empero, en el mercado mundial.
En la esfera de la circulación interior, el dinero, puesto que era moneda y representaba el término medio de la unidad dinámica M-D-M, o tan sólo la forma pasajera del valor de cambio en la permutación incesante de las mercancías, actuó exclusivamente como medio de compra. En el mercado mundial ocurre lo contrario. El oro y la plata aparecen aquí como medio de compra cuando el intercambio de sustancia es solamente unilateral y, por tanto, la compra y la venta se separan.
El comercio fronterizo de Kiajta, por ejemplo, es de hecho y por tratado un comercio de trueque, donde la plata no es sino medida del valor. La guerra de 1857-1858 indujo a los chinos a vender sin comprar. La plata apareció entonces súbitamente como medio de compra. Respetando la letra del tratado, los rusos transformaron piezas francesas de cinco francos en mercancías de plata crudas, que sirvieron de medio de cambio.
La plata funciona continuamente como medio de compra entre Europa y América, por una parte, y Asia, por otra, donde ese metal se deposita como tesoro. Además, los metales preciosos funcionan como medio de compra internacional cuando se rompe bruscamente el equilibrio habitual en el intercambio de sustancia entre dos naciones, por ejemplo, cuando una mala cosecha obliga a una de ellas a comprar en cantidades excepcionales.
Por último, los metales preciosos son un medio de compra internacional para los países productores de oro y de plata, donde estos últimos son un producto directo y una mercancía, en vez de ser una forma convertida de mercancía. Cuanto más se desarrolla el intercambio de mercancías entre diferentes esferas de circulación nacionales, tanto mayor desarrollo adquiere la función del dinero mundial en cuanto medio de pago para soldar balances internacionales.
La circulación internacional, lo mismo que la interior, exige una cantidad de oro o de plata siempre variable. Por esto, cada pueblo emplea una parte de los tesoros acumulados como fondo de reserva de dinero mundial, el cual ora se agota ora se llena de nuevo siguiendo las fluctuaciones del intercambio de mercancías.
Además de los movimientos particulares que el dinero mundial efectúa en su ir y venir entre las esferas de circulación nacionales, existe un movimiento general del dinero mundial cuyos puntos de partida se hallan en las fuentes de producción de oro y plata, de donde las corrientes de estos metales fluyen en direcciones diversas por el mercado mundial.
El oro y la plata se incorporan aquí en calidad de mercancías a la circulación mundial y son cambiados, proporcionalmente al tiempo de trabajo que contienen, por equivalentes en mercancías antes de pasar a las esferas de circulación interior. En estas últimas aparecen, pues, con una magnitud de valor dada. Por ello, toda baja o subida de su costo de producción afecta uniformemente, en el mercado mundial, a su valor relativo, el cual, por el contrario, no depende en absoluto del grado en que el oro o la plata son absorbidos por diversas esferas de circulación nacionales.
Una parte de la corriente de metal captada por cada esfera particular del mundo de las mercancías entra directamente en la circulación monetaria interior para reemplazar a las piezas metálicas desgastadas, otra se retiene en los diferentes tesoros que sirven de depósito para el numerario, los medios de pago y el dinero mundial, otra más se convierte en artículos de lujo y el resto, por último, se torna simplemente tesoro.
En la fase desarrollada de la producción burguesa, la constitución de
tesoros se limita al mínimo requerido por los diferentes procesos de
circulación para la libre acción de su mecanismo. Sólo la riqueza ociosa
deviene aquí el tesoro como tal, a menos que esto no sea la forma momentánea de
un excedente en el balance de pagos, el resultado de una interrupción en el
intercambio de sustancia y, por consiguiente, la solidificación de la mercancía
en su primera metamorfosis.